EPILOGO
Epílogo Hyde Park, Londres 24 dejunio de 1912 —Estas sombrillas son realmente prácticas —comentó la joven mientras hacía girar la suya—. No entiendo por qué han desaparecido. —Posiblemente porque aquí no para de llover, ¿no crees? —respondió él con una media sonrisa—. Pero yo también lasencuentro muymonas.Ylos vestidos de verano blancos con puntillas te sientan de maravilla. Poco a poco también me voy acostumbrando a las faldas largas. Me encantaelmomento en quete vuelves parasacártelas. —Pues yo nunca meacostumbraréa no llevar pantalones —se lamentó ella—. No hay día que no eche de menos mis vaqueros. Élsabía muy bien que no eran los vaqueros lo que tanto echaba de menos, pero secuidó de decirlo. Durante un rato permanecieron en silencio. Bañado por el sol del verano, el parque desprendía una maravillosa sensación de paz, y la ciudad que se extendía detrás parecía construida para la eternidad. El joven pensó en que al cabo de dos años empezaría la Primera Guerra Mun...